UN JUEZ INVESTIGA LA MUERTE DE UN MENDIGO EN EL SERVICIO DE URGENCIAS DE LA PAZ


El fallecido, que estaba atado a la silla de ruedas, esperaba su diagnóstico.


Chano Montelongo, Madrid 20 septiembre 2000.

El Juzgado de Guardia de Plaza de Castilla abrió ayer una investigación para averiguar las circunstancias de la muerte de un mendigo, V.P.T., de 42 años, que falleció en la noche del lunes en la sala de espera de Urgencias del madrileño Hospital La Paz mientras aguardaba su diagnóstico, según confirmaron ayer fuentes del citado centro.
Las causas de la muerte son, por el momento, un misterio. El indigente falleció «enrollado» en la sábana que los sanitarios le habían puesto para atarlo a la silla de ruedas, en la que se le colocó cuando llegó al centro, según indicaron testigos presenciales de los hechos.
Los datos que constan en el expediente de este paciente, que ya ha sido enviado al juez de guardia, según el hospital, constatan que ingresó en Urgencias a las 15.40 horas del lunes.
Según el centro, el mendigo ingresó «con una dolencia en el pecho, sin especificar» y «fue tratado en cuanto llegó, ya que tras explorarle en la consulta, a las 17.00 horas, se solicitó una analítica y una placa del tórax».El paciente, sentado en la misma silla de ruedas, fue colocado por un celador en el pasillo que hay junto a la sala de espera, donde decenas de enfermos aguardaban desde hacía horas a que les atendieran. «El hombre estaba muy mal.

Se quejaba muy bajito del pecho. En un momento dado, se tiró o se deslizó por la silla de ruedas hasta el suelo, donde, tras volverse a quejar, se quedó dormido. Eso pasó varias veces, y había ocasiones en que médicos, enfermeras y celadores pasaban a su lado sin inmutarse. Sólo lo sentaban cuando llevaba bastante tiempo tirado en el suelo», explicó otro testigo de los hechos.A las 00.30 horas, y por insistencia de los pacientes presentes en la sala de espera, un celador se acercó al mendigo y comprobó que no reaccionaba a su llamada.

«Fue llevado a un office cercano y allí fue desenrollado de la sábana por dos personas. Una de ellas le tomó el pulso y le levantó los párpados y luego le dijo a su compañero: 'Está muerto'. Entonces -añadió el testigo- intentaron cerrar la puerta de la habitación, pero los pacientes que estaban en la sala empezaron a gritar cosas como: 'Lo habéis matado'