Servilismo o servicial. Un aspecto en el trabajo del celador.

Josť Antonio

Desde la perspectiva de la persona en su trabajo, encuadrada o inserta en una organización compleja donde se dan las más diversas profesiones, cuya estructura como empresa va de menos a más o sea es piramidal y encontrándose, esta persona, situada en la base de esta estructura, el asunto que se propone puede parecer a primera vista cuestión baladí, incluso si se apura sin sustancia y fuera de tiempo, mas no es así.

Si nos atenemos al espíritu de la letra, a su acepción original, de donde proviene servilismo, servil y éste de servilis o sea relativo al siervo, el término nos lleva hacia actitud primaria, lo que se hace se hace y nada más, sin propósito ni razón, de baja o ninguna autoestima, intelectualmente y como forma de trabajo sin cabida en un mundo evolucionado o avanzado en los albores del siglo XXI.

Ya con el segundo término podemos observar un cambio sustancial, la actitud, en este caso, contiene valores; lo que se hace tiene un propósito, tanto para el sujeto activo como para el pasivo, es utilitarista en cuanto que procede de servir con sus matices de cuidado y diligencia, da sentido al actor y a la acción (léase, actividad).

Por qué esta introducción, pues como punto de partida, de la siguiente cuestión: El celador ¿servil o servicial?

En su origen gran parte de la acción del celador contenía mayor carga de lo primero. Situémonos en la década de los años sesenta. Se pretendía disponer de un criado, de alguien que hiciera aquello que otros consideraban fuera de sus quehaceres por entenderlo como de baja ralea. Esto era tan así que la persona que accedía a esta tarea la asumía e interiorizaba tal cual –desconozco si esta pretensión se hacía con conocimiento de causa o sin ella-.

El tiempo, como no puede ser de otro modo, lo transforma todo, hace que todo evolucione, y en este sentido, aquella persona y acción servil comienza a tener otra actitud y sentido. El lacayo original se convierte en ayudante, en colaborador para determinada parcela laboral dentro de la sanidad, eso sí eran trabajos simples, de poco contenido técnico o intelectual. De donde, corriendo el tiempo y llegados al momento actual, observamos que el celador comporta o va a precisar una serie de conocimientos, más o menos técnicos para el desempeño de su actividad, aunque éstos no sean adquiridos por el camino del estudio sino por la vía del aprendizaje; este es otro asunto que aquí no se discute.

Pues bien, esta evolución adolece de cierta perversión que, por desgracia, es, todavía, entendido así por muchas partes incluido el propio celador. He aquí, lo que podemos considerar uno de los males que aquejan a estos trabajadores y, por supuesto, a su función: el carácter servil en sus inicios y su continuidad, como se ha señalado, hasta el día de hoy.

Podemos, igualmente, examinar muchos aspectos por los cuales esta situación se mantiene y perpetúa, de forma más o menos larvada pero que subsiste. Hablamos de personas y de cosas, de costumbres, de favores; todo, eso sí, mal entendido por unos y por otros. De forma interesada en unos casos en otros ni eso; de forma inconsciente por unos, conscientemente por otros. En unos casos el interés ocurre de forma consentida por ambas partes, esto es, por el celador y la otra parte que puede ser médico, enfermero o administrador, y en otros casos sin consentimiento, al menos parte del celador, aquí la cosa se vuelve en problema, en situación de conflicto. En cuanto a las situaciones inconscientes suceden por la costumbre, por la herencia y, en gran medida por no hacerse valer.

Quizás un ejemplo ilustre mejor la cuestión: “…no me importa hacer determinado trabajo porque luego me atiende en su consulta muy bien, rápido o no me cobra… o,… hago esto por lo otro…”, y, ojo, muchos negaran esto, sin embargo “eppur si muove” (1). También podemos incluir la desidia, el complejo (de inferior, no de inferioridad), el miedo.

Desidia por querer cambiar las cosas, dejarlas tal cual; “bueno para qué me voy a molestar si esto no va a cambiar”. Complejo por sentir que el celador es el último en el escalafón sanitario, aunque seamos no sanitarios que este es otro tema. Miedo por pensar o sentir que se pueda ser objeto de abusos, acosos u otras situaciones desagradables o perniciosas para nuestro puesto de trabajo dado nuestro débil y escaso peso específico en la Organización.

Antes de continuar se ha de comprender que en un artículo muchas de las afirmaciones o planteamientos quedan huérfanos de un desarrollo amplio, de un análisis exhaustivo. No obstante, quien suscribe presupone la comprensión del lector que; conocedor de la materia expuesta, a la hora de sobrentender lo que va implícito en lo dicho; sabe lo que no se dice. Valga la redundancia.

De modo amplio ¿se ha de anteponer todo al médico? (2), ¿Está el médico por encima del bien y del mal? Entiéndase, por encima de los demás, del trabajo de los demás, de la organización, incluso, del propio enfermo. Pues no. Es obvio que el médico es el eje, es unidad pero no totalidad. Cuando el médico entiende esto la cosa funciona, y funciona en todos los niveles siempre que el resto de los niveles lo entienda.

Pues bien, perfilado e hilo conductor de este artículo, reitero, no exhaustivo en su desarrollo, es evidente que la profesión médica es el eje de lo sanitario. A su quehacer nos debemos, a su quehacer giramos. Ahora bien una cosa es ser colaboradores necesarios y otra, serviles operarios. En bastantes ocasiones este matiz se confunde por unos y por otros, dando lugar a situaciones negativas de consecuencias diversas. Unas veces el efecto es simple, y afecta tan solo a los directamente implicados y otras produce un efecto múltiple donde, como el billar, afecta a varios con la variante perniciosa del rebote y, éste a su vez, con el agravante, a diferencia del billar donde las bolas acaban por pararse, de proseguir con mayor intensidad.

Es este matiz el que se quiere enfatizar. Cuando se confunde cuál es el trabajo, la función del celador, sobre todo cómo ha de realizarlo. Esta es la confusión: servil por servicial.

Con todo qué es lo que se quiere significar. De una parte la existencia de determinada actitud implícita en las raíces de una empresa cuyos efectos son negativos para el conjunto. De otra parte el interés velado por mantener esta situación ¿Interés social, político, económico,…? Ahí quedan estas interrogantes. Lo que sí se responde es a la necesidad perentoria de modificar esta situación pues con ella se podrían despertar pensamientos obnubilados, actitudes mansas y gregarias, en fin, moverse hacia una actitud crítica y dispuesta a asumir cambios.

  1. Palabras que se le atribuyen a Galileo Galilei durante el proceso iniciado contra él por mantener que la tierra no se movía y que se traduce como "Y sin embargo se mueve", tras abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribunal de la Santa Inquisición.
  2. Cuando se señala al médico se está también señalando a otros profesionales cuyas ocupaciones son las de dirección y gestión, llámense directores, subdirectores, jefes, supervisores, etc. Aquí se señala a esta categoría por su propia figura, su entidad y ser la más numerosa. Y, por supuesto, no se señala a todos puesto que existen muchas honrosas excepciones.